Detalles que mejoran la imagen (y ninguno es la ropa)

Porque no solo se trata de combinar colores, en esta nota te cuento cuáles son los ítems que determinan el éxito de un look.

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3, 7 o, a lo sumo, unos exagerados 30 segundos (el tiempo de unos parpadeos). Esa ínfima fracción de tiempo le lleva a alguien construir una primera impresión sobre otro, la “que cuenta”, como dice la frase más trillada.

Sí. En tan poco tiempo una persona que recién te conoce formará una opinión sobre vos a partir de tu apariencia. Ni más ni menos.

Más claro: antes de que abras la boca para sacar a relucir tu inmaculado CV o el speech que tenés híper masticado, tu futuro cliente, tu nuevo jefe, tu entrevistador o (mucho peor aún) tu cita a ciegas, ya tiene un escaneo completito, por dentro y por fuera, acerca de vos. 

Y no es que lo que tengas para decir no vaya a sumar. Sino que tu apariencia puede restar…¡y mucho! ¡Injusto, pero real!

Entonces, ¿es sólo el packaging lo que cuenta? Tampoco. Si no que nuestro interlocutor recién después de fijar en su memoria ese identikit inicial prestará atención a lo que decimos.

Y claro que nuestras palabras tendrán peso. Pero si lo anterior falla, empezaremos con varios puntos en desventaja. Aunque luego expongas tu mejor teoría de venta o el contenido más original, eso que sucedió primero dejará a tu receptor pensando que tal vez no seas lo suficientemente persuasiva, creativa, atrapante, divertida, inteligente o…………… (completá con lo que te hubiera gustado que piensen de vos en determinada situación).

La moraleja: ocuparse de la imagen da buenos frutos y hacer foco en pequeños detalles que van más allá de la ropa potencia por mil los efectos.

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Por eso, para subir la apuesta de un look, acá va mi lista de imprescindibles.

Que el pelo esté en orden. Creo y ¡espero! que no hace falta que aclare que debe estar y parecer limpísimo y oler bien (te aseguro que más de una vez tuve que hacer hincapié, a pedido del cliente, sobre la higiene personal de sus empleados). Además, el corte debe estar más o menos en carrera –los más cortos necesitan un mantenimiento esmerado- y las raíces, sin indicios a la vista de crecimiento.

El peinado, ¡otro tema!. Para una ocasión especial, el objetivo es que se note que nos hemos tomado el tiempo de arreglarlo con más detenimiento que en un día cualquiera. Con esto no te propongo que saques un abono permanente en la peluquería o que no aceptes una salida o reunión que te interese si no estás segura de tener tiempo para un brushing profesional. Unas pasadas de la planchita, la buclera o un secador potente sumado a buenos productos, pueden hacer maravillas.

¿Abajo el makeup?. Hay una tendencia que reivindica la imagen a cara lavada. No me opongo. Pero no lo aconsejo, en especial, cuando se trata de un look laboral. Será que ya no tengo 20 años, ¡ni 30, ni 40! o que no me queda ninguna duda del poder del maquillaje. Porque aún con la edad y la piel de porcelana de la China Suarez*, una simple rutina, por más acotada que sea, muestra que prestamos atención y cuidamos nuestra tez ¿Todavía creés que la base ensucia la piel? ¡Necesitamos hablar!

Los productos básicos que harán la diferencia: el corrector de ojeras, una BB o CC cream, la máscara de pestañas y un brillo o labial nude.

Uñas para mostrar. Esmaltadas, por supuesto (hay que tener en cuenta que en ámbitos de estética u hospitalidad no están bien visto los colores shocking). Con un largo prolijo, sí o sí (no voy a mencionar que, de adultas, no da andar por la vida con los dedos mordisqueados). Pero, además, es importante que la piel se vea humectada y las cutículas, controladas. 

El touch de los accesorios. Brindan una oportunidad valiosísima para mostrar una cuota de actualidad, creatividad y esmero. Aunque, ¡siempre hay un pero! Porque si son demasiado grandes, de un color contrastado o de un diseño muy llamativo, harán que la vista de nuestro interlocutor se pose sobre estos elementos.

Además, si se mueven mucho o peor aún, hacen ruido, dejarán de ser algo complementario para ocupar un lugar protagónico y que disperse la atención. ¿Queremos eso? O ¿buscamos que nos miren a la cara y queden eclipsados con lo que contamos?

También es importante que nos sintamos cómodas con el colgante, la pulsera o los aros que elegimos. No dejarlos en paz durante toda la reunión –girándolos o acomodándolos sin parar- transmitirá una idea de inseguridad, poco confort o dejará traslucir que queremos salir disparadas de ese lugar.   

Lo que dice el cuerpo. ¿Cómo te verás mejor? Con el cuerpo erguido y relajado. Si tenés que estar parada, para entrar a una reunión o la ofi de tu jefe a reclamar algo o pedir aumento, sentí el contacto de tus pies sobre el piso, tu peso repartido en ambas piernas y tus brazos a los costados del cuerpo, los hombros hacia atrás, el pecho abierto y el mentón suavemente levantando. Los “no” rotundos: los brazos cruzados sobre el pecho, balancear el cuerpo, tener la mirada hacia la nada o sentarte en el extremo de la silla, casi a punto de caer al vacío. Inspirar antes de hablar y exhalar suavemente aflojarán toda tensión que tengamos en el rostro y el cuello. ¡Relajate!, que seguramente la ocasión no merezca semejante acartonamiento.

Decí, whisky. Sin llegar a una cara de feliz cumpleaños o a esa sonrisa tensa producto de los nervios, un rostro sonriente será la frutilla del postre.