¡Decite sí, premiate!: por qué es importante auto celebrar los logros propios

Conocé cuáles son los mecanismos internos que se activan cada vez que te gratificás.

 

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Conseguiste una fecha para esa reunión tan esperada, cerraste un acuerdo con un nuevo cliente, le diste forma a tu plan de negocios, reformulaste tu emprendimiento o decidiste apostar a tu pasión absoluta. 

¡Bien ahí! Porque puede ser que desde hace bastante tiempo estés esperando alguna de estas buenas noticias o que hayas estado esforzándote al máximo para alcanzar los resultados obtenidos.

El siguiente paso: tu premio. Ni más ni menos. Ya sé… (te estoy escuchando...)

-      “Tampoco es que gané el Nobel” (¡justo ahora te vas a minimizar y minimizar tu avance!).

-      “No estoy para sumar otro gasto (y ¿quién dijo que implica romper el chanchito? ¿o un cafecito y una torta, sin interrupciones, no nos transportan al paraíso mismo?).

-      “¿Retribuirme a mi misma?” (inconscientemente esta idea sobrevuela y la cruel realidad es que muy pero muy pocas veces en nuestra vida laboral -freelance o corporativa- habrá alguien pendiente en alentarnos por cada uno de nuestros adelantos).

 

Entonces, una vez sorteados los “no” internos volvamos a lo nuestro: tenemos las recompensas bien ganadas y, además, son justas y necesarias.

 

¿Los efectos? Varios y contundentes. Paso a enumerarte los que creo fundamentales.     

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1)  Con solo pensar en el deleite de recibir un regalo, la mente se esfuerza por plantearse y alcanzar nuevas metas.

2)  El premio en sí mismo te da impulso para continuar.

3)  Al decirte “sí”, cosas más grandes vendrán. La frase es de una mentora que tuve hace unos años (estar actualizada es fundamental en mi profesión y por eso, me capacito y entreno constantemente). En un principio, me pareció una teoría simplista y algo consentidora. Pero cuando lo entendí mejor me di cuenta de que contiene un mandato poderoso y muy efectivo. El punto está en que va dirigida a aquellas personas como vos y yo que estamos alineadas con nuestros objetivos y encaminadas a conseguir lo propuesto. Al poner este concepto en práctica, la mente se moviliza y activa mecanismos que refuerzan la autoestima, lo cual impulsa a cumplir los propósitos deseados.

4)  El premio actúa como un estímulo para volver a plantear otro objetivo (y si es más prometedor, mejor aún).

5)  También servirá como un recordatorio de nuestra fuerza interna y de nuestra capacidad de superación.

 

No es poco, ¿no?

 

“¿Y si lo que impulsé no salió como esperaba?”

La recompensa también está ganada. Porque el motor que pusiste en marcha seguramente te llevó a salir de ese lugar de quietud abrumadora y porque esa experiencia representa un enorme capital que te ayudará a pulir errores y volver a escena, fortalecida.

“¿Y si todavía no tengo resultados concretos?”

 ¿Y qué hay del tramo recorrido? Un paso no es poco. Para entenderlo mejor, comparto un ejemplo real. Una clienta una vez me dijo: - si consigo este negocio, me compro ese vestido de gasa increíble que me enamoró. Yo le respondí: -¿por qué no hacés al revés?

Mi clienta sorprendida me dijo -¿Cómo?, ¿Comprar el  vestido antes de la entrevista?

-Sí, efectivamente- respondí- porque el puntapié inicial es creer en vos misma y esta confianza te ayudará a alcanzar tus metas.

Claro, esto es solo para valientes.

Y vos ¿qué tan valiente sos? ¿Alguna vez te premiaste por un logro? ¿Y al revés? 

Detalles que mejoran la imagen (y ninguno es la ropa)

Porque no solo se trata de combinar colores, en esta nota te cuento cuáles son los ítems que determinan el éxito de un look.

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3, 7 o, a lo sumo, unos exagerados 30 segundos (el tiempo de unos parpadeos). Esa ínfima fracción de tiempo le lleva a alguien construir una primera impresión sobre otro, la “que cuenta”, como dice la frase más trillada.

Sí. En tan poco tiempo una persona que recién te conoce formará una opinión sobre vos a partir de tu apariencia. Ni más ni menos.

Más claro: antes de que abras la boca para sacar a relucir tu inmaculado CV o el speech que tenés híper masticado, tu futuro cliente, tu nuevo jefe, tu entrevistador o (mucho peor aún) tu cita a ciegas, ya tiene un escaneo completito, por dentro y por fuera, acerca de vos. 

Y no es que lo que tengas para decir no vaya a sumar. Sino que tu apariencia puede restar…¡y mucho! ¡Injusto, pero real!

Entonces, ¿es sólo el packaging lo que cuenta? Tampoco. Si no que nuestro interlocutor recién después de fijar en su memoria ese identikit inicial prestará atención a lo que decimos.

Y claro que nuestras palabras tendrán peso. Pero si lo anterior falla, empezaremos con varios puntos en desventaja. Aunque luego expongas tu mejor teoría de venta o el contenido más original, eso que sucedió primero dejará a tu receptor pensando que tal vez no seas lo suficientemente persuasiva, creativa, atrapante, divertida, inteligente o…………… (completá con lo que te hubiera gustado que piensen de vos en determinada situación).

La moraleja: ocuparse de la imagen da buenos frutos y hacer foco en pequeños detalles que van más allá de la ropa potencia por mil los efectos.

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Por eso, para subir la apuesta de un look, acá va mi lista de imprescindibles.

Que el pelo esté en orden. Creo y ¡espero! que no hace falta que aclare que debe estar y parecer limpísimo y oler bien (te aseguro que más de una vez tuve que hacer hincapié, a pedido del cliente, sobre la higiene personal de sus empleados). Además, el corte debe estar más o menos en carrera –los más cortos necesitan un mantenimiento esmerado- y las raíces, sin indicios a la vista de crecimiento.

El peinado, ¡otro tema!. Para una ocasión especial, el objetivo es que se note que nos hemos tomado el tiempo de arreglarlo con más detenimiento que en un día cualquiera. Con esto no te propongo que saques un abono permanente en la peluquería o que no aceptes una salida o reunión que te interese si no estás segura de tener tiempo para un brushing profesional. Unas pasadas de la planchita, la buclera o un secador potente sumado a buenos productos, pueden hacer maravillas.

¿Abajo el makeup?. Hay una tendencia que reivindica la imagen a cara lavada. No me opongo. Pero no lo aconsejo, en especial, cuando se trata de un look laboral. Será que ya no tengo 20 años, ¡ni 30, ni 40! o que no me queda ninguna duda del poder del maquillaje. Porque aún con la edad y la piel de porcelana de la China Suarez*, una simple rutina, por más acotada que sea, muestra que prestamos atención y cuidamos nuestra tez ¿Todavía creés que la base ensucia la piel? ¡Necesitamos hablar!

Los productos básicos que harán la diferencia: el corrector de ojeras, una BB o CC cream, la máscara de pestañas y un brillo o labial nude.

Uñas para mostrar. Esmaltadas, por supuesto (hay que tener en cuenta que en ámbitos de estética u hospitalidad no están bien visto los colores shocking). Con un largo prolijo, sí o sí (no voy a mencionar que, de adultas, no da andar por la vida con los dedos mordisqueados). Pero, además, es importante que la piel se vea humectada y las cutículas, controladas. 

El touch de los accesorios. Brindan una oportunidad valiosísima para mostrar una cuota de actualidad, creatividad y esmero. Aunque, ¡siempre hay un pero! Porque si son demasiado grandes, de un color contrastado o de un diseño muy llamativo, harán que la vista de nuestro interlocutor se pose sobre estos elementos.

Además, si se mueven mucho o peor aún, hacen ruido, dejarán de ser algo complementario para ocupar un lugar protagónico y que disperse la atención. ¿Queremos eso? O ¿buscamos que nos miren a la cara y queden eclipsados con lo que contamos?

También es importante que nos sintamos cómodas con el colgante, la pulsera o los aros que elegimos. No dejarlos en paz durante toda la reunión –girándolos o acomodándolos sin parar- transmitirá una idea de inseguridad, poco confort o dejará traslucir que queremos salir disparadas de ese lugar.   

Lo que dice el cuerpo. ¿Cómo te verás mejor? Con el cuerpo erguido y relajado. Si tenés que estar parada, para entrar a una reunión o la ofi de tu jefe a reclamar algo o pedir aumento, sentí el contacto de tus pies sobre el piso, tu peso repartido en ambas piernas y tus brazos a los costados del cuerpo, los hombros hacia atrás, el pecho abierto y el mentón suavemente levantando. Los “no” rotundos: los brazos cruzados sobre el pecho, balancear el cuerpo, tener la mirada hacia la nada o sentarte en el extremo de la silla, casi a punto de caer al vacío. Inspirar antes de hablar y exhalar suavemente aflojarán toda tensión que tengamos en el rostro y el cuello. ¡Relajate!, que seguramente la ocasión no merezca semejante acartonamiento.

Decí, whisky. Sin llegar a una cara de feliz cumpleaños o a esa sonrisa tensa producto de los nervios, un rostro sonriente será la frutilla del postre.